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Facebook, ya no me molas

Hace tiempo que vengo pensando en escribir sobre mi relación con facebook y aprovecho una noticia que he leído esta mañana en el diario digital Puromarketing para hacerlo.

Lo cierto es que de hace un tiempo para acá me he dado cuenta de que la mayoría de las cosas que me salen en el timeline son publicaciones de carácter poco serio, bromas, vídeos simpáticos, animalitos, etc. Tengo cuenta en facebook desde el 26 de octubre de 2007, prácticamente unos meses después de que el señor Zuckerberg lanzara su “maravillosa” plataforma. Recuerdo que en esa época trabajaba en Canarias7, concrétamente para la edición digital bajo el mando de Esther Pérez Verdú, alias “jefa”. Fue ella quien en un principio nos habló sobre la red social y nos animó a mi y a los compañeros a crearnos una cuenta.

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En los primeros momentos recuerdo que me parecía fascinante, sobre todo por el hecho de poder recuperar el contacto con personas que no veía o con las que no hablaba hacía muchísimo tiempo, estudié y viví en Sevilla durante 6 años y poder recuperar mi relación con compañeros y amigos hacía que viera facebook como “la herramienta del siglo”. Más tarde empecé a darle un uso más profesional, agregabas a gente del sector con las que coincidías en diferentes eventos para intentar mantener una “relación profesional” o simplemente estar al día en todo lo relacionado con la profesión.

Es cierto que durante unos años, al principio sobre todo, facebook se convirtió para mí en una herramienta indispensable para el trabajo, poder compartir contenidos, conocimientos, estar al día de convocatorias, etc. todo era posible en un mismo sitio. Sin embargo, de hace un tiempo para acá, me he dado cuenta de que la mayoría de las cosas que me salen en el timeline son publicaciones de carácter poco serio, bromas, vídeos simpáticos, animalitos, memes, etc. Hay tanto, que ya cansa.

En mi caso, facebook se ha transformado en una mera herramienta de entretenimiento con la que pasar el rato cuando estoy aburrida, son contadas las ocasiones en las que lo uso con un fin más profesional. Si, está bien porque te enteras de cosas, sobre todo de eventos, charlas y esas cosillas que te permiten asistir para mantener contacto en el mundo offline. Quizás sea ahí donde esté la clave, ¿echaré de menos ese café, ese hablar de tú a tú, esa terracita en verano? Es posible.

No obstante, tranquilos, que seguirán viéndome por la red, jejeje… Al fin y al cabo es difícil desconectarse del todo, cuando al final todo se mueve ahí. Esto es sólo una pequeña reflexión del día.

Hipocresía publicitaria

Esta semana ha comenzado a circular por la redes sociales el que se ha convertido ya en el tradicional anuncio de Campofrío por Navidad. Si no lo has visto aún plantéate darle más caña a tus cuentas porque entonces es que no estás online. De todas formas, aquí dejo el enlace para que puedas concluir tu propia opinión, de hecho, voy a verlo de nuevo antes de continuar con esta entrada, aunque no creo que cambie de parecer.

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Pues bien. Realmente no entiendo la mayoría de los comentarios que veo en las redes haciendo referencia a esta pieza publicitaria: “es fantástico” “genial” “buenísimo”,… Exceptuando alguna opinión con la que me identifico, al resto de personas parece que con ver el anuncio se les olvida todo lo realmente estamos viviendo. Esta mañana fue cuando vi el anuncio por primera vez, aún en la cama, recién levantada, y he de decir que mi reacción al terminar de verlo no fue para nada positiva.

Mi primera reacción: ¡qué hipocresía!

Mi primer pensamiento: “parece un anuncio comprado por el gobierno para evitar la fuga de los españoles a otros países”.

Mi primera pregunta: “Si realmente tuvieras la oportunidad de irte a otro país a labrarte un futuro profesional y personal, a priori, más tranquilo y seguro, ¿te irías?”

La primera respuesta que obtuve (de otra persona): “Si, me iría”.

Mi segunda pregunta (retórica): ¿Entonces?

Estoy de acuerdo con el reflejo que se hace de nuestro carácter, de nuestra forma de vida, del trato cercano y personal que nos mostramos los unos a los otros, de nuestro humor (y del humor que provocamos fuera de nuestras fronteras también), y me siento orgullosa de haber adquirido esas cualidades, pero no creo que sean suficientes como excusa para quedarnos en un país que no nos ofrece nada a cambio. Ni estabilidad, ni seguridad económica, ni siquiera ilusión ni esperanza alguna de que las cosas vayan a mejorar.

No sé si exagero o me salgo de madre al pensar que puede ser un mensaje publicitario comprado por el gobierno de turno, pero desde luego, yo no lo compro. Muy buena producción, buen montaje, buenos actores y personajes televisivos y, seguro, la mejor de  las intenciones. Pero no, no lo compro.