Entradas

A ti no te quiero

No te quiero a ti, que sólo traes malos recuerdos a mi mente. A ti que me pisas a la mínima oportunidad, que usas la suela de tus zapatos para plancharme la cara y dejarme cual Picasso. Que me hierves la sangre y me la vuelves a congelar. ¿No sabes que eso es malo? Los cambios bruscos de temperatura no le van bien a nada ni nadie. No te quiero a ti que me humillas, me arrastras y dejas mis pedazos tirados en el suelo.

A ti, que no estás cuando debes estar, que no te oigo cuando deberías estar cantando, que no te siento cuando deberías estar saltando, que no te veo cuando deberías estar, simplemente estar. A ti no te quiero. No quiero a quien tiene mirada triste, ¿por qué? A ti que huyes, que te escondes, que te escabulles. No te quiero a ti que eliges el camino de la excusas, de las debilidades, el camino fácil.

No te quiero ti, que no luchas por mi, que me abandonas y no me cuidas. A ti que lloras y lloras cuando no ves el lado positivo de la vida. No te quiero a ti que me vuelves loca. A ti, que va, a ti no te quiero. No te quiero a ti, que no juegas conmigo, que no sales, que te encierras en tus porquerías y no eres capaz de abrir los ojos y mirar a tu alrededor. Que va, así no te quiero.

A ti no te quiero, porque cuando eres así, es imposible quererte y me haces desaparecer.

En silencio y de puntillas

En silencio y casi de puntillas. Así te fuiste.

Hace unos días emprendiste un nuevo y largo paseo, de esos que tanto te gustaba dar, pero el sendero ahora es diferente. Las baldosas de Triana ya no sentirán tus pasos, ni el kiosco de San Telmo te verá pasar por su lado de regreso a casa, con las manos cogidas atrás, en tu espalda, donde solías ponerlas a caminar; con tu semblante serio, tu camisa y pantalón perfectamente planchados, zapatos brillantes y paso pausado.

Quién ocupará el sofá de la sala de estar con la mano en la cara y los ojos cerrados para descansar un rato. Quién insistirá en pagar la cuenta; quién nos echará esas miradas que hablaban solas, con las que sabíamos si te parecía bien una cosa o no, si podíamos coger una cosa o no, o si estábamos haciendo algo bien o mal. Tu hija Mari se aprendió muy bien esa lección, que lo sepas, y la aplica a la perfección, jeje.

Recuerdo nuestros paseos matutinos del camino al colegio. A veces, parábamos en el estanco que estaba en la calle Canalejas, justo pasando la guardería de El Patito Feo. Allí me comprabas un paquete de papas Munchitos o de palitos, según el día. Quiero darte las gracias, quizás debí hacerlo antes, pero son las típicas cosas que nunca se dicen, no sé si por vergüenza o qué, pero es una pena que no nos atrevamos a decir lo que sentimos sino cuando llega este momento. Gracias por cuidarme como una hija más. Sé que siempre me miraste con ojos de orgullo: tu nieta primogénita. Y ahora me queda una tristeza enorme, pues tu silla quedará vacía el próximo 25 de octubre. Qué orgulloso te hubieras sentido, aunque sé que lo estarás de todas maneras. Ya estabas pensando en hacerme un hueco encima del piano para poner mi foto. ¡Qué grande!

Con_lelo

Se nos fue el patriarca, el único que ponía un poco de cordura en nuestras locas reuniones familiares, jeje. Si, tengo una familia loca, pero también tengo la mejor familia del mundo, la más unida. Y ahora, se queda huérfana. Después de 8 años, ahora te vas, con ella, al fin con ella. ¿Estarás contento eh? Me juego todo a que sí.

Y ahora solo me queda tu imagen grabada en mi mente, tu risa en cada foto, tu “no, ya”… Quienes te teníamos cerca sabemos a qué me refiero.

Gracias Lelo, te quiero.

Aquí, mi historia

Después de unas semanas a tope vuelvo con una entrada relacionada con una de las cosas que más me gusta hacer en esta vida: organizar. Según la RAE, organizar es:

Establecer o reformar algo para lograr un fin, coordinando las personas y los medios adecuados.

En mi adolescencia, que en aquella época la pasé sobre los 15 o 16 años (hoy en día la pasan a los 12), una de las primeras cosas que adquirí, supongo que instruida por la voz de la conciencia materna, fue el sentido de la responsabilidad y la organización. Recuerdo que me encantaba tener todo organizado, pero también recuerdo que cuando me ponía ha hacerlo esa organización sólo me duraba las primeras semanas, pues con la misma facilidad organizaba que desordenaba todo de nuevo. Odio la monotonía, me gusta ser una saltimbanqui y andar cambiando todo de sitio cada cierto tiempo.

En mi casa, a mi madre siempre le ha encantado eso de organizar reuniones familiares, fiestas, cumpleaños,… Cualquier excusa es buena para ella con tal de tener gente en casa y ejercer de anfitriona como sólo ella sabe. Supongo que de ahí me viene esa pasión por montar tinglados, por estar pendiente de que no falte detalle de nada y que todos salgan contentos cuando organizo algo. En esos tiempos me esforzaba por ser una buena ‘pinche’ junto a mi madre, siempre dispuesta a echar una mano en lo que hiciera falta y tomando nota de todo aquello que hay que tener en cuenta a la hora de organizar cualquier tipo de evento. Y no hablo sólo de lo material (comida, bebida, menaje, mobiliario,…) sino de algo más importante aún, lo que hacía que miraras alrededor y solo vieras caras sonrientes, felicidad y un ambiente en perfecta sintonía.

No sé por qué, pero me encantaba esa sensación. Mirar a mi madre y verla feliz porque todo había salido como esperaba, siempre con detalles sorpresa. Me gustaba eso. Yo quería sentirme así también. Verme rodeada de personas contentas, satisfechas y sonrientes porque lo que yo había hecho por ellos había salido a la perfección, pero además, les había ayudado a pasar una velada inolvidable.

De ahí me surgió mi faceta organizadora, la que me impulsó a organizar mis primeros eventos, por un lado los familiares, siempre dispuesta a echar una mano en cumpleaños, bodas, comuniones, fechas especiales,… Por otro, comencé con pequeños eventos deportivos, ruedas de prensa (esto me viene de formación profesional), hasta que inicié mi primer proyecto profesional con una agencia de eventos y comunicación.

Pero sin duda alguna, si he de quedarme con un tipo de evento de los que he organizado en los últimos años son los relacionados con el mundo de las startups y los que dan oportunidad a personas luchadoras de ver que existen otros caminos y que todo es posible. Cuando me surgió la ocasión de organizar un evento como Startup Weekend Gran Canaria jamás imaginé todas las cosas y momentos intensos que me iba a llevar. Startup Weekend Gran Canaria me ha dado muchos de los mejores momentos profesionales de mi vida. Se mezclan un mogollón de sensaciones, complicidad con los participantes, nervios, puedo llegar a sentir el cosquilleo y los pelos de punta al ver a toda esa gente reunida durante un fin de semana en el que tienen como objetivo sacar un proyecto adelante.

Imagen

Es en este tipo de eventos donde veo esas caras que me gustan, que me muestran que todo el esfuerzo de organización, de estar pendiente de que no falte detalle, tiene su recompensa. Es por esto, por esas personas, por las que me gusta lo que hago, por las que me gusta formar parte de los responsables que están detrás de todo lo que hace posible que se generen esas oportunidades.

Ahora me surgen nuevas oportunidades para seguir promoviendo proyectos jóvenes, darlos a conocer y ayudar en esos primeros pasos tan importantes e imprescindibles en la creación de cualquier startup o empresa de cualquier índole.

Espero seguir sumando y sumando. Aquí una emprendedora para todo lo que necesiten, emprendedores 😉

Un abrazo.

PD: Hace un año realicé el Entrenamiento para desarrollar una mentalidad emprendedora con José J. Cerpa, altamente recomendable todo sea dicho. Durante las fases del entrenamiento realizamos diferentes ejercicios que me ayudaron a conocerme más a mi misma y cómo afrontar la etapa profesional en la que me encontraba. Uno de esos ejercicios no fui capaz de hacerlo, fue una sensación súper frustrante. Durante una cena que organizó mi compañera de curso y ahora amiga Ye, incluso se me saltaron las lágrimas, no era capaz de encontrar mi historia, no sabía porqué estaba allí, en ese momento, haciendo lo que estaba haciendo, dedicándome a lo que me dedicaba, no sabía quien era yo. Ahora, después de escribir esta nueva entrada en mi Cortado largo, me acabo de dar cuenta de que la encontré. Aquí la tienes míster. Mi historia.

Imagen

Por qué lloramos en fin de año…

Buenos días a todos.

Sé que estamos ya a 10 de enero, pero tenía esta entrada pendiente desde hace varios días. Estaba almorzando el día 1 de enero en casa de mis padres y comencé a pensar en la noche de fin de año.

No sé por qué, pero cuando termino de comerme la uva número 12 no puedo evitar mirar a los míos y sentir como los ojos se me llenan de lágrimas mientras les abrazo y pienso en millones de cosas. Y me pregunto, ¿por qué lloramos o nos emocionamos en fin de año?

Lancé esta pregunta a los míos mientras almorzábamos y recibí diferentes respuestas: por el recuerdo de los que no están, por la ilusión de afrontar un año más, por la alegría de ver otro año superado, etc…

findeaño1 1480641_10202151345697273_1964371263_n

Pero la cuestión es. Y yo, ¿por qué lloro? No me hace falta darle muchas vueltas para descubrir la respuesta, es más, si tardara demasiado en averiguarlo no creo que fuera real lo que respondería. Mi razón para emocionarme es mirar alrededor y descubrir las miradas de esas personas que, pase lo que pase, siempre están ahí. Poder apartar la mirada de mi copa de uvas y cruzarme con los ojos de mis incondicionales, sabiendo que despido un año y doy la bienvenida a otro a su lado, sé que nada podrá ir mal. Es como si en ese momento no importara nada ni nadie más sino ellos, los que están ahí: papá, mamá, hermano y, como no, mi compañero de viaje.

Es cierto también que es inevitable acordarse de esas personas maravillosas que ya no están. Pero he de confesar un secretillo que siempre hago: mirar arriba y picar un ojo, sé que están ahí.

Y tú, ¿lloras en fin de año?

Todo es nuevo (redescubriéndome)

Llevo algunas semanas inquieta, con un sinfín de sensaciones recorriendo cada parte de mi cuerpo. He de confesar también cierta sensibilidad, a ver, siempre he sido chica de lágrima fácil, para los que me conocen no es nada nuevo.

Cuando la última nochevieja di la bienvenida al nuevo año comiendo “Conguitos” en lugar de uvas jamás pensé que este 2013 fuera a traerme tantos buenos momentos, experiencias y, sobre todo, cambios en mi vida.

Hoy me siento como una niña con zapatos nuevos (adoro los zapatos, todo sea dicho de paso), pues se abre ante mi una nueva etapa, con nuevos proyectos, nuevas ilusiones y nuevas experiencias. Cumplir años, en mi caso, siempre ha sido algo positivo, pero he de reconocer que siempre había mirado con cierto recelo a llegar a la treintena. Que si la crisis de los treinta, las responsabilidades, las primeras arrugas, las decepciones, las pérdidas,… y como éstos muchos argumentos más que se escuchan por ahí que te hacen poner tal fecha en color negro en el calendario.

Por suerte, no es mi caso. Hoy mi DNI dice que llegan los 30 y he de decir que me siento con ganas de vivir todo lo que me depara la vida. Tengo ganas avanzar, de mejorar y de seguir creciendo como  persona y como mujer.

Tras esta presentación existencial, paso a contarles qué es este sitio donde se encuentran. Cortado largo es un proyecto que llevaba tiempo rondándome por la cabeza. Los que me conocen bien saben de mi naturaleza escritora, afición que había dejado de lado y que he intentado retomar en varias ocasiones pero nunca era el momento. Y he pensado, ¿qué mejor que un día como hoy para comenzar de nuevo?…

Aquí no vas a encontrar publicaciones profundas sobre política ni filosofía. Aquí encontrarás mis reflexiones sobre la vida cotidiana, de lo que me rodea. Me apetece ofrecer un lugar que pueda acompañarles en ese ratito de “stop” en el día a día, café en mano, con publicaciones amenas y con las que espero poder sacarles una sonrisa, una lágrima o un brinco, según el caso.