Por qué lloramos en fin de año…

Buenos días a todos.

Sé que estamos ya a 10 de enero, pero tenía esta entrada pendiente desde hace varios días. Estaba almorzando el día 1 de enero en casa de mis padres y comencé a pensar en la noche de fin de año.

No sé por qué, pero cuando termino de comerme la uva número 12 no puedo evitar mirar a los míos y sentir como los ojos se me llenan de lágrimas mientras les abrazo y pienso en millones de cosas. Y me pregunto, ¿por qué lloramos o nos emocionamos en fin de año?

Lancé esta pregunta a los míos mientras almorzábamos y recibí diferentes respuestas: por el recuerdo de los que no están, por la ilusión de afrontar un año más, por la alegría de ver otro año superado, etc…

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Pero la cuestión es. Y yo, ¿por qué lloro? No me hace falta darle muchas vueltas para descubrir la respuesta, es más, si tardara demasiado en averiguarlo no creo que fuera real lo que respondería. Mi razón para emocionarme es mirar alrededor y descubrir las miradas de esas personas que, pase lo que pase, siempre están ahí. Poder apartar la mirada de mi copa de uvas y cruzarme con los ojos de mis incondicionales, sabiendo que despido un año y doy la bienvenida a otro a su lado, sé que nada podrá ir mal. Es como si en ese momento no importara nada ni nadie más sino ellos, los que están ahí: papá, mamá, hermano y, como no, mi compañero de viaje.

Es cierto también que es inevitable acordarse de esas personas maravillosas que ya no están. Pero he de confesar un secretillo que siempre hago: mirar arriba y picar un ojo, sé que están ahí.

Y tú, ¿lloras en fin de año?

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