Carta a Lilo

Sé que es un tópico, pero creo que es totalmente cierto eso de que a los animales se les coge más cariño que a algunas personas. En mi caso, recuerdo que desde que era pequeñita mi pasión hacia todo tipo de animales, en especial a los perrunos y gatunos, desbordaba por cada poro. Cada cumpleaños, cada Navidad, cualquier ocasión era la perfecta excusa para pedir a mis padres una mascota. Nunca me rendí, y al final obtuve mi recompensa.

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Pero empecemos por el principio, pues mi debut como cuidadora de animales no fue precisamente exitoso que digamos. Mi primera experiencia fue con dos tortugas de agua que me regaló mi tía. Harta de escucharme apareció un día con la típica bañerita y las dos susodichas. Me duraron dos días, las empaché: cada vez que veía que no les quedaba comida volvía a ponerles. Tristeza, eso fue lo que sentí. Por fin conseguí tener mascotas y no fui capaz de cuidarlas bien. Tenía 7 años, todo hay que decirlo, jeje. Mi tía me compró otras dos (máaaaasss buena mi tía)… pero misma operación. Desastre.

Cuando por fin nos mudamos a una casa en la que, según mis padres, ya era posible tener una  mascota de cuatro patitas, fui la niña más feliz del mundo. Thor, precioso samoyedo, mi primer perro… nueve meses me duró y esta vez de verdad que no fue culpa mía. Me lo envenenaron, pero eso es una historia que la verdad que no me apetece recordar. 1383875_10153301249780603_1730205714_n

Durante mi estancia en Sevilla cuando cursé la carrera conocí a un criador de perros bodegueros ratoneros andaluz. Un día me dijo que cuando terminara la carrera y me volviera a mi tierra me regalaría uno. Esa es Lilo, mi pequeña bodeguera que ya tiene más de 7 años. Durante los últimos meses, en los que mi vida ha sido un poco caótica en cuanto a residencia se refiere, se ha quedado viviendo con mis padres, pero mañana vuelve a mi y estoy súper contenta e ilusionada con esta nueva etapa. Nueva casa, nueva vida,… Espero que te adaptes bien pequeña.

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“Supongo que será duro separarte de tus compañeros incondicionales de los dos últimos años: tu hija Vera y Anais (gatito lindo). Pero no sé por qué me da que para la peque será más duro, al fin y al cabo tu sabes lo que es estar sola y ser la reina de la casa, pero ella siempre te ha tenido a ti desde que nació hace año y  medio. Tengo que contarte varias cosas. Aquí no hace ese solito que tanto te gusta tomar en la terraza, te lo voy avisando. El tiempo es un poco más frío pero la calle Triana es la monda para dar largos paseos. Además, hay parques para perros, cosa que en el sur no, seguro que te va a encantar.

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Tampoco te dejaré subirte a los sillones, como bien acostumbrada que estás, lo siento. Te he comprado una camita preciosa para que te acuestes ahí. Al principio la casa te parecerá un poco fría, pero verás como te adaptas rápido. En el salón, por las tardes, si abro la ventana entra el solito y creo que enseguida le vas a coger el punto para no perderte ni un rayo. En el piso de arriba viven dos gatos, pero no creo que tengas que toparte con ellos nunca 😉

Respecto a Vera, no te preocupes, vendrá de visita y nosotros iremos a verla también.

Bienvenida Lilo.”

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El arte de hacerse el longui

Hace tiempo comenté en facebook la peculiaridad de convertirme en invisible cuando camino por la calle Viera y Clavijo, pues es sorprendente ver como la gente se “hace la longui” con tanta facilidad. Pues bien, he decidido redactar una pequeña lista sobre las diferentes formas en las que me han hecho un “solo” en toda regla.

1. Si cambio de acera no me verá. Sin duda alguna es una de las más recurridas, pero a la vez de las menos eficaces. Reconozco que en alguna ocasión me he visto en la necesidad de hacer un cambio de acera y casi siempre es por el mismo motivo: voy con prisas y no tengo tiempo de estar parándome a saludar a alguien con quien sé que estaré un mínimo de 10 minutos hablando. Es el caso de mi casero por ejemplo. Un señor súper amable y bonachón, pero que siempre tiene una historia que contar.

Volviendo a lo que nos atañe. Vamos a ver, si vas a cambiarte de acera hazlo con bastantes metros de antelación, es decir, ve mirando siempre más allá por si vieras a alguien que no quieres o no te apetece saludar, de esta forma te dará tiempo de cambiarte de acera sin ser visto. Si ves que estás demasiado cerca como para que te haya podido ver, no lo hagas, escúchame, no lo hagas, vas a quedar fatal. Apechugas, saludas y sigues dando unos pequeños pasos para dar señal de que tienes prisa, de esa forma resolverás el momento. Prueba y verás.

2. Mirar a un punto fijo y poner el modo “súper concentración” o “modo pesca”. Quizás ésta es de las más arriesgadas. Normalmente, cuando intentas utilizar esta estrategia para hacerte el longui nunca suele salir bien. En este caso, el motivo por el cual solemos hacer esta “técnica” no viene derivado de la otra persona con la que estamos a punto de cruzarnos sino por nosotros mismos. O bien vamos vestidos con lo primero que pillamos del armario, o no nos dio tiempo de arreglarnos el pelo y de maquillarnos un poquito, o (esto es para ellos) no llevamos la barba perfectamente perfilada para esa chica que está a punto de pasar. Motivos puede haber millones, pero en definitiva, en lo que quiero derivar es que lo que nos lleva a hacernos el o la longui en estos casos es el descontento con nuestra apariencia física en ese instante y, definitvamente, nos hacemos los locos.

Una variante de esta técnica puede ser “la parada en un escaparate” o “voy a entrar en la primera tienda que vea abierta y así lo/la evito”. También me ha pasado, jaja.

3. Hacerse el sordo. Gracias a Dios, y lo digo en serio, no son muchas las personas con las que me ha pasado esto, pero a pesar de ser pocas, se encuentran en mi vida cotidiana. Pasar por al lado de alguien día tras día y dar los buenos días sin recibir respuesta alguna, créanme que revienta. ¿De verdad cuesta tanto responder con otro “buenos días”? Sinceramente, no lo entiendo. El otro día entré en un estanco que hay cerca de mi oficina y al salir dije: “Hasta luego, qué tengan un buen día”. ¿A ustedes le respondieron? Pues a mi tampoco.

En este caso creo que no se trata de una técnica para hacerse el longui sino directamente de mala educación.

Así que, resumiendo:

– Si dudas por un instante que la otra persona te haya visto ya, no cambies de acera por ningún motivo.

– Si no vas perfecto/a para la ocasión o no te ha dado tiempo de arreglarte ese día como querías, pon el despertador media hora antes y acostúmbrate a salir siempre bien a la calle, nunca se sabe con quien te puedes topar 😉

– Y, por favor gente, hay que dar los “buenos días/ tardes/ noches” y responder “igualmente” si te lo dan a ti primero. Son normas de educación cívica.