Mi primer dorsal

“Porque ningún camino fácil te llevará a un sitio que merezca la pena”

e7a4644295570f0232a2f1e3288bbe85Alguien me dijo una vez que quien algo quiere, algo le cuesta. Y bien que cuesta. Como muchos sabrán, tras ver estos días mi perfil de facebook, el pasado domingo corrí la prueba de 10 kilómetros en  la Disa Gran Canaria Maratón 2014. La verdad es que afrontaba esta prueba con bastante ilusión, pues además de la San Silvestre en fin de año, nunca había corrido ninguna prueba oficial, nunca había tenido un dorsal propio, personalizado, con mi nombre, jeje.

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Participar en esta prueba suponía para mi confirmar los resultados de los últimos meses, desde que comencé a entrenar con una de las personas referentes en mi vida, modelo de superación personal y tenacidad por conseguir lo que desea: Ruymán de Armas. Inyección de motivación, energía, positivismo, autoestima y ganas por alcanzar metas que, hasta hace un año, pensaba muy difíciles de conseguir.

Para mi sorpresa, conseguí alcanzar la meta en menos tiempo del esperado, pues por una lesión los últimos días no habían sido muy propicios para entrenar, aún así, me sentí súper cómoda durante toda la carrera y súper orgullosa de mi misma y mi capacidad de superación. ¿Orgullosa de mi misma? ¿He dicho eso? Aunque no lo crean, mientras escribo estas líneas no  puedo evitar sentir un ligero cosquilleo por todo el cuerpo y emocionarme un pizquito, pues es toda una meta conseguir hablar así de mi misma.

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Siempre resulta difícil hablar de uno mismo, ¿verdad? Necesitamos escuchar que los demás nos digan lo bien que hacemos algo, que nos feliciten por algo conseguido, pero no solemos pararnos a mirarnos delante de un espejo y decirnos: “Eres grande”. Pues bien, ya es hora ¿no creen?

Quiero felicitar a todas esas personas que día a día se ponen nuevos retos y metas y luchan para alcanzarlo, ya puedo decir que sé lo que es eso.

la foto 1la foto 3Agradecer a mi gente por su apoyo, a Meiga, mi compañera de fatigas, ahora a por la Trans.

Y a ti compañero, con quien veía pasar a los maratonianos cansados y derrotados por la zona del Lloret y decías: “esto asusta, es una droga como otra cualquiera”…

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…ya te digo yo que si… 😉 (para muestra un botón jaja)

Por qué lloramos en fin de año…

Buenos días a todos.

Sé que estamos ya a 10 de enero, pero tenía esta entrada pendiente desde hace varios días. Estaba almorzando el día 1 de enero en casa de mis padres y comencé a pensar en la noche de fin de año.

No sé por qué, pero cuando termino de comerme la uva número 12 no puedo evitar mirar a los míos y sentir como los ojos se me llenan de lágrimas mientras les abrazo y pienso en millones de cosas. Y me pregunto, ¿por qué lloramos o nos emocionamos en fin de año?

Lancé esta pregunta a los míos mientras almorzábamos y recibí diferentes respuestas: por el recuerdo de los que no están, por la ilusión de afrontar un año más, por la alegría de ver otro año superado, etc…

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Pero la cuestión es. Y yo, ¿por qué lloro? No me hace falta darle muchas vueltas para descubrir la respuesta, es más, si tardara demasiado en averiguarlo no creo que fuera real lo que respondería. Mi razón para emocionarme es mirar alrededor y descubrir las miradas de esas personas que, pase lo que pase, siempre están ahí. Poder apartar la mirada de mi copa de uvas y cruzarme con los ojos de mis incondicionales, sabiendo que despido un año y doy la bienvenida a otro a su lado, sé que nada podrá ir mal. Es como si en ese momento no importara nada ni nadie más sino ellos, los que están ahí: papá, mamá, hermano y, como no, mi compañero de viaje.

Es cierto también que es inevitable acordarse de esas personas maravillosas que ya no están. Pero he de confesar un secretillo que siempre hago: mirar arriba y picar un ojo, sé que están ahí.

Y tú, ¿lloras en fin de año?